Por Matías Amuy, Consultor Funcional de VISMA Latam.

El trabajo es un ámbito de aprendizaje donde se adquieren habilidades duras (técnicas, propias del negocio) y blandas (liderazgo, empatía, persuasión), un entorno insuperable de desarrollo profesional y personal.

En un mundo de cambios vertiginosos, la agilidad es una habilidad fundamental, principalmente en los ambientes de trabajo. Y esto se traslada a la forma de capacitarse y aprender: se necesita agilidad para adaptarse rápidamente a situaciones diferentes y hasta, incluso, inesperadas. Un ejemplo de esto es lo sucedido con la pandemia, que obligó a repensar procesos y formas de trabajo y relacionamiento en los negocios de todo el planeta.

Es el momento de fomentar el “aprender a aprender”, es decir, una actitud de apertura permanente al aprendizaje, con un gran componente de autogestión en la elección de temas a abordar, los tiempos de dedicación, otorgar relevancia al tipo de información, compartir datos que pueden servir al equipo, etc.

La actitud de “aprendizaje” ayuda a estar más abiertos al cambio. Un colaborador con mentalidad de crecimiento y convicción de poder aprender cosas nuevas se adaptará mejor a los cambios, estará más dispuesto a adoptar nuevos procedimientos y formas de trabajar. Cuando las personas deciden gerenciar su aprendizaje, descubren cómo aprenden mejor, lo cual es un salto cualitativo en la capacitación. Aprender a aprender se vuelve clave cuando los métodos tradicionales ya no están disponibles (clases y encuentros presenciales, un jefe que designa tareas diariamente, etc.) y cuando surgen otras alternativas para acceder al conocimiento.

En el proceso de “aprender a aprender” el colaborador es el principal responsable de su desarrollo profesional, mientras que el área de RH es “facilitador” de ese proceso. RH traza planes de Capacitación y Desarrollo para cada persona según su potencial y un programa de crecimiento interno que contempla los puestos que puede llegar a ocupar en el futuro en la organización. Se busca mejorar el desempeño del colaborador y los equipos respondiendo a un plan mayor: el crecimiento del negocio y el desarrollo profesional de los colaboradores. Con la formación se enseñan habilidades específicas. Con el desarrollo se mejoran las capacidades y las habilidades de gestión de una persona; esto supone una evolución que trasciende el conocimiento de un negocio en particular, ya que se adquieren “saberes” que sirven en cualquier circunstancia y mercado. Y, desde luego, en plena era digital, la capacitación en nuevas tecnologías es esencial para que el colaborador pueda ser parte del mundo laboral del futuro.

Las nuevas generaciones arrastran a las empresas a la innovación en todos los aspectos, y esto abarca también la capacitación. Hoy en día el aprendizaje se ha vuelto colaborativo, esto es, el colaborador no solo recibe sino que también genera y comparte contenidos de aprendizaje.

Existen desarrollos tecnológicos que facilitan nuevas formas de aprendizaje, Learning Management Systems (sistemas de gestión de aprendizaje). Se trata de plataformas, espacios virtuales de capacitaciones colaborativas, autogestionados por los miembros de un equipo. Los colaboradores son activos protagonistas no sólo para aprender sino también para compartir contenidos en el grupo, conocimientos y experiencias propias y de terceros. Se establece un círculo virtuoso de aprendizajes que se va retroalimentando con los propios protagonistas.

El rol fundamental de RH es detectar qué tipo de aprendizajes necesitará cada colaborador en su carrera profesional, si se trata de estimular una ruta “gerencial” o de especialización. Los colaboradores con evidentes habilidades de liderazgo serán considerados para recorrer el camino de la ruta gerencial; deberán aprender destrezas sobre relacionamiento y empatía con el otro. Los perfiles que fiteen más con capacitarse en una ruta de especialización seguirán ese camino.

La ruta de aprendizaje de cada colaborador se traza en conjunto entre éste y la organización, según las expectativas y los objetivos personales y corporativos.

En la actualidad, el rol de RH en materia de capacitación y desarrollo se replantea, se transforma. RH se convierte en un “facilitador” en el nuevo camino de aprendizaje en las organizaciones. Un facilitador que debe conocer muy bien la estrategia de largo plazo y los requerimientos del negocio, así como a cada una de las personas y su potencial. A partir de esta información, RH podrá ser guía y contribuir favorablemente en la capacitación integral de los colaboradores en su camino de crecimiento profesional.