Responden Natalia Falcone de Sullair Argentina y Laura Valeiro de Grupo San Cristóbal.

Natalia Falcone, Jefe de Empleos, Capacitación & Desarrollo de Sullair Argentina S.A.

Como líderes tenemos la responsabilidad de promover entornos psicológicamente seguros para nuestros equipos, y a la vez desarrollar una dinámica de trabajo productiva, en donde cada colaborador pueda desplegar el máximo de su potencial. Cuando los conflictos personales empiezan a profundizarse, inevitablemente esto afecta la esfera laboral. No somos seres escindidos en nuestras diferentes facetas. Por eso, estar cerca de la gente, escuchar activamente cómo están, qué necesitan, en qué podemos acompañarlos, es sumamente relevante para leer de manera proactiva cualquier situación que pueda estar gestándose, más allá del quehacer profesional. En este sentido, posicionarse como un líder coach, que abre preguntas, que invita a la reflexión, a la apertura, favorece el acercamiento entre las partes. Nuestro propósito en esto debe ser que las mismas personas involucradas puedan llevar adelante las conversaciones necesarias para acercar sus diferencias, o lograr un mejor entendimiento. No podemos perder de vista que el liderazgo está relacionado con el ser facilitadores de una modalidad constructiva de resolución de conflictos, además del ser guardianes del buen clima, cuidado y respeto por las personas.

Laura Valeiro, Gerente de Personas y Bienestar de Grupo San Cristóbal

Detrás del éxito de una organización está el trabajo y esfuerzo de muchas personas, y este marco de acción debe estar en sintonía con los valores y cultura que se fomenta desde la compañía. Los líderes motivan, apoyan, encausan y dirimen diferencias dentro de sus equipos. Si bien los conflictos son inherentes a las relaciones humanas, es parte del rol del líder saber gestionarlos. Un modo de gestión cercano puede ayudar a revelar el nivel de criticidad del conflicto y el impacto que puede influir en los vínculos, el desempeño, el clima organizacional, etc. El líder debe tener la capacidad de detectar cuándo la magnitud de un conflicto puede escalar e impactar en la cultura de la empresa. De lo contrario puede afectar la experiencia de los colaboradores y de los propios clientes.