Columna
Desvincular también es liderar
21/9/2026

Déborah Vargas, Career Transition & Mobility Head de LHH Argentina, Uruguay & Paraguay, explora en esta columna por qué la forma en que una organización comunica una salida refleja sus valores, impacta en su cultura y requiere líderes preparados.
La decisión puede ser la misma. La experiencia, diferente.
La comunicación de una desvinculación laboral es una de las conversaciones más difíciles dentro de una organización. Evitarla o improvisarla no reduce su impacto. Muchas veces, lo multiplica. Las organizaciones dedican tiempo y recursos a atraer talento, recibirlo, desarrollarlo y generar una buena experiencia. Sin embargo, cuando llega el momento de una desvinculación, todavía encontramos procesos centrados casi exclusivamente en aspectos administrativos y legales. Y hay algo que no deberíamos perder de vista: la experiencia de una persona con una organización no termina el día en que deja de trabajar en ella.
Una conversación que deja huella
En mi trabajo acompañando procesos de transición laboral, observo con frecuencia cómo una comunicación de desvinculación desprolija o improvisada puede opacar años de experiencias, aprendizajes y vínculos construidos dentro de una organización. Un cierre mal gestionado puede dejar un sabor amargo que termina condicionando la manera en que la persona recuerda y valora una etapa que, hasta ese momento, podía haber sido muy significativa. Por eso, una desvinculación responsable requiere ser preparada: comunicar con claridad, cuidar el contexto, los tiempos y la privacidad, reconocer que detrás de una decisión organizacional hay una persona atravesando una situación difícil.
El líder también necesita acompañamiento
En estos procesos, también es fundamental acompañar a quienes tienen la responsabilidad de comunicar la desvinculación. Muchas veces, son líderes que deben transmitir una decisión que no tomaron e incluso pueden no estar de acuerdo, comunicarla a personas con las que construyeron vínculos durante años y afrontar una conversación para la que no se sienten preparados. Darles herramientas concretas, ayudarlos a anticipar posibles escenarios y ofrecerles un espacio de preparación y contención también es parte de una gestión responsable de la desvinculación.
La salida también habla de la cultura
Una desvinculación puede parecer una conversación entre dos personas, pero sus efectos van mucho más allá. Los compañeros observan y cada uno construye su propia percepción sobre cómo la organización atraviesa ese momento. Hablar de offboarding con propósito es ampliar la mirada: acompañar a quien se va, preparar y cuidar a quienes tienen que comunicarlo, y también estar cerca de los equipos que continúan. Porque una organización construye cultura cuando incorpora, desarrolla y reconoce a sus personas. Pero también la construye en la forma en que las acompaña cuando llega el momento de despedirlas.
