Por Lorena Marino, CEO de Crear Valor Juntos.

En un mundo cada vez más notoriamente heterogéneo, los ámbitos laborales no pueden más que ponerse al día y abrazar la diversidad como algo no solo importante sino necesario para la optimización de recursos en su organización.

Hay muchos tipos de personas que son ignoradas o subestimadas por condiciones que van desde el género y la diversidad funcional hasta la edad. Hoy en día, liderar equipos intergeneracionales supone uno de los mayores desafíos para los líderes, el cómo hacerlo y el por qué es relevante puede echar luz sobre una de las mayores oportunidades para crear valor juntos.

Muchas organizaciones se encuentran hoy teniendo que articular equipos conformados por hasta cuatro generaciones, estas van desde los Baby Boomers y la Generación X a los Millennials y Centennials. Este intercambio, que sería idealmente una enorme oportunidad de enriquecimiento y aprendizaje para todos, no deja de suponer un enorme desafío para los líderes, ya que suelen abundar los prejuicios tanto de los más jóvenes hacia los adultos como al revés. “Los millennials no tienen compromiso” por un lado, “los más grandes no se adaptan a la tecnología ni a las nuevas dinámicas de trabajo” por el otro. ¿Cómo se resuelve este antagonismo?

El líder de equipos intergeneracionales debe, en primer lugar, entender que cada grupo tendrá un modelo de pensamiento y una forma de obrar particular. Ante esto, lo que debe preguntarse es: ¿cuáles son las fortalezas de ese modelo y cómo puede aportar valor al equipo? Es una irrealidad demandar del Baby Boomer cualidades del Millennial y al revés lo mismo, por lo que la clave está en poder tomar de cada generación aquello que tiene para ofrecer.

Ahora bien, para articular este intercambio de manera efectiva es fundamental generar un ambiente de colaboración y, sobre todo, de diálogo. La empatía es condimento imprescindible para bajar las barreras que nos impiden ver al otro y aceptarlo, aún en sus diferencias.

Son justamente esas divergencias las que enriquecen la cultura de la organización y fortalecen al equipo porque se compensan entre sí. Lo que uno hace de una manera, el otro lo complementa de otra.

Liderar a través de valores promueve el espíritu de equipo y la sensación de pertenencia. Es importante que cada miembro se sienta parte, cumpla un rol y tenga oportunidades de desarrollo. De esta manera, no hay preferencias o jerarquías que anulen la voz o las posibilidades de despliegue de otro colaborador.

Así, se genera una dinámica más transversal y de cooperación conjunta. Se potencian el respeto, la comprensión y la solidaridad entre colaboradores, creando un ambiente laboral general agradable, estimulante y desafiante a la vez. Todos se sienten cómodos porque tienen un lugar y un aporte que hacer, al mismo tiempo que se ven enfrentados a maneras nuevas o distintas de trabajar--traídas al frente por las generaciones alternas-- que, de tener la flexibilidad para abrirse a ellas, no harán más que ampliar las miradas y aumentar las habilidades de cada uno. Entonces, se promueven conocimientos y experiencias complementarias.

El líder deberá ser flexible y practicar la escucha activa para establecer canales de comunicación abiertos, accesibles y fluidos. El intercambio constante, la recepción y el feedback son claves para la buena convivencia de todos.

En conclusión, liderar equipos intergeneracionales es una labor desafiante pero que, si es llevada a cabo con convicción y vocación de servicio, trae muchos beneficios. Las habilidades de cada grupo, lejos de contraponerse o anularse entre sí, se complementan, generando equipos y organizaciones más flexibles, dinámicas y adaptables al cambio y a los siempre variados frentes que la realidad presenta.