En esta columna, Bárbara Barreiro, jefa de Capacitación de BW Comunicación Interna, analiza algunas técnicas y acciones que contribuyen a acrecentar el entusiasmo de las personas en las empresas.

La mirada del líder sobre el desarrollo de las personas moldea todo lo que sucede en diferentes niveles, vertical y horizontal dentro de una compañía. Su rol es determinante. No por nada en cada Diagnóstico de Comunicación Interna que realizamos en BW aparecen como el canal de comunicación más valorado por las personas: son referentes en todo sentido, tanto en lo técnico y profesional como en lo relacional y humano y en especial, en lo conversacional. Juegan un rol muy visible, todos y todas están observando qué hacen los líderes.

Un buen líder puede ver cómo trabaja la persona, no solo sus resultados o su forma de explicar lo que hace; entiende que debe responder de manera diferente frente a cada cual. Además, conoce a los equipos en profundidad, destina tiempo a escuchar y contemplar las necesidades de recursos, herramientas y uso de plataformas colaborativas que tienen y que, entre otras cosas, generan un espacio en común para transmitir la cultura organización, que en definitiva, también depende de los líderes. 

El líder debe guiar, interpelar, educar y orientar, pero siempre desde una perspectiva de servicio. Y en el caso de hacer observaciones, hacerlo desde la oportunidad de mejora, logrando que la misma persona llegue a reflexionar sobre su propio desempeño. 

La confianza como motor de cambio

Un líder que no confía en sus equipos, controla y no empatiza no genera conexión ni entusiasmo.  La desconexión no permite saber qué puede estar pasando en un grupo de trabajo y qué impacto está generando esa distancia en el desarrollo del negocio y en los equipos. La empatía es una manera de medir nuestro trabajo y de gestionar el compromiso e incluso, la innovación en una determinada área.

Es prioritario correrse del paradigma del control en el que el otro, muchas veces, aparece como competencia o amenaza; y que en definitiva, no hace feliz a la gente. Ese cambio permite que el líder se muestre vulnerable o que manifieste que hay cosas que no sabe hacer, por un tema generacional, o simplemente porque no logró desarrollarlo. 

El aprendizaje colectivo y abierto promueve la formación de equipos talentosos y robustos, en los que cada integrante potencia sus capacidades y se siente motivado. Hay muchas técnicas y acciones que contribuyen a acrecentar el entusiasmo de las personas en las empresas.

- La primera es, sin duda, garantizar el acceso a la información y la participación en los temas importantes de la compañía, tanto del negocio como de cada perfil de colaborador: qué se espera de ellos, qué lugar ocupan dentro de la compañía. 

- Otra acción clave es promover conversaciones que aporten significado y muevan la energía de los equipos en pos de crear el futuro deseado. El uso de una conversación generativa nos permite ayudar a otros a ver “lo que podría ser” y “ lo que es posible” partiendo de la valoración de la persona. Cada pregunta, conversación y contacto con alguien en el sistema tiene impacto, reconoce y valora. Una cultura de aprendizaje positiva le da visibilidad a todo lo que “hacemos bien” para seguir desarrollándolo. 

En el aprendizaje positivo los propósitos son claros y significativos, los líderes colaboran y se ocupan; fomentando de manera permanente y genuina, la efectividad del trabajo, el sentido y la cultura de la compañía generando un movimiento expansivo y cada vez más virtuoso.