En 1992 la Teen Talk Barbie decía, entre sus frases “Math class is tough”. Mattel debió sacarla del mercado ante las críticas recibidas, principalmente por la American Association of University Women. ¿Cuál es hoy la situación?

De acuerdo con datos de 2019 publicados por UNESCO, solo el 30 por ciento en todo el mundo de esa oferta laboral son mujeres en disciplinas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM). Solo 17 mujeres han ganado un Premio Nobel de Física, Química o Medicina desde Marie Curie en 1903. Esta cifra es ínfima si la comparamos con los 572 ganadores varones en estos mismos rubros. A su vez, hoy solo el 28% de todos los investigadores del mundo son mujeres. Dentro de la población estudiantil femenina en la educación superior a nivel mundial, solo alrededor del 30% elige carreras científico-tecnológicas. La cantidad de inscriptas es particularmente baja en TIC (3%), ciencias naturales, Matemáticas y estadísticas (5%) e ingeniería, fabricación y construcción (8%); cifras que contrastan con el alto porcentaje concentrado en áreas de salud y bienestar (15%). (Fuente: “Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa hacer ciencia en la Universidad. Mujeres, ciencia y universidad: el caso de las STEM” de Emilia Camaña)

 

¿Por qué hay menos mujeres científicas y menos mujeres en puestos de tecnología?

Hay preconceptos relacionados con una menor capacidad de las niñas en matemáticas (que se refuerza en la infancia) y también se considera que la ingeniería y áreas afines son un ámbito masculino. También ocurre que, como en una espiral del silencio, hay menos referentes mujeres que funcionen como ejemplo a imitar, aunque sin duda las hay, y muchas. Dorothy Crowfoot Hogdkin, Premio Nobel de Química en 1964, escribió en una carta: “Recuerdo que estaba sentada en los escalones de la Real Sociedad esperando a alguien y hablando con John Bernal. Le dije que había resuelto la estructura de la penicilina. Él me dijo: “ganarás el Premio Nobel por esto” y yo le dije: “preferiría que me eligieran miembro de la Real Sociedad”. Él contestó: “eso es más difícil”.

Recordamos también la historia de tres científicas afroamericanas que trabajaron con la NASA en la década del 60, narrada por la película “Talentos ocultos” y las barreras de exclusión que debieron atravesar.

Pero, más allá de la épica, la capacitación e incorporación de más mujeres en las áreas de IT es una preocupación que crece. ¿Y por qué debe haber mujeres en ciencia y en tecnología? Pensar que la ciencia no tiene un sesgo masculino, que es neutral en sus afirmaciones, es el gran velo que hay que descubrir. Según el artículo “Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa hacer ciencia en la Universidad. Mujeres, ciencia y universidad: el caso de las STEM” de Emilia Camaña, “El sistema científico es una parte fundamental de nuestra construcción social y de la producción económica; en él se diseñan desde los alimentos que consumimos hasta las tecnologías que utilizamos para comunicarnos y entretenernos, se investigan medicamentos, químicos y tratamientos, se planifica la producción, se generan ideas para organizar nuestra sociedad, para establecer relaciones con otros países, se diseñan artefactos, etc. En general asumimos que la ciencia es algo objetivo y neutral; sin embargo, la visión científica tiene una perspectiva y está situada en el mundo real. La ciencia refleja necesidades sociales e históricas”.

Acciones que buscan resolver el problema

En la Argentina existe la OSC Chicas en Tecnología, que desde 2015 busca reducir la brecha de género en el ambiente emprendedor tecnológico. Para eso, a través de programas e iniciativas libres y gratuitas, motiva, forma y acompaña a chicas de todo el país y región para que puedan ser la próxima generación de mujeres líderes en tecnología. En 2019 presentó un estudio, elaborado conjuntamente por el BID - INTAL y Chicas en Tecnología, permite dimensionar tanto cuantitiva como cualitativamente la brecha de género existente en la participación de las mujeres en carreras CTIM en Argentina. Allí dice que “A pesar de los avances en materia de innovación tecnológica, las mujeres enfrentan obstáculos significativos en el acceso al mercado laboral y en el progreso en sus carreras profesionales. Estas barreras, junto con la segregación ocupacional, limitan sus elecciones económicas y -en última instancia- inciden sobre el crecimiento y el desarrollo social”.

Además, según Latinobarómetro, “un 47% de hombres en América Latina posee un smartphone mientras que un 41% de mujeres cuenta con este dispositivo (Basco, 2017). Estas disparidades también se observan a nivel de empresa: una reciente encuesta realizada por el INTAL-BID, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) y la Unión Industrial Argentina (UIA) en 293 empresas de la Argentina, encuentra que el porcentaje de mujeres que posee títulos académicos en ciencias exactas y naturales, tecnología, ingeniería y matemáticas es bajo en todas las empresas (30%). Sin embargo, se observa un porcentaje algo mayor en las empresas más avanzadas en términos tecnológicos (40% de mujeres con esta calificación)”

 

En cuanto a capacitación, EducaciónIT una compañía dedicada a brindar cursos, carreras y capacitaciones con presencia en LATAM y países de Hispanoamérica, ofrece los siguientes datos: la demanda de capacitaciones en materia de tecnología ha aumentado en este último tiempo. La comparativa hace referencia a la demanda de capacitaciones en 2010 vs 2020. Por ejemplo, la demanda por parte de mujeres de cursos relacionados al Front End ha crecido un 30%, mientras que los cursos de Programación aumentaron la demanda en un 80%. En cuanto a temas de Infraestructura el aumento fue de un 50%. En lo que respecta al marketing digital, el aumento fue del 19%, manteniéndose de manera constante el crecimiento durante el último tiempo.

¿Cómo salir de esta situación de exclusión?

La visualización de la situación a través de las estadísticas es un elemento básico, su estudio en universidades e institutos, el impulso de la capacitación dirigida hacia las mujeres, la transversalización de la perspectiva de género, el análisis crítico de la ciencia y la tecnología, son algunos de los caminos más sugeridos.

El informe de BID - INTAL y Chicas en Tecnología propone lo siguiente: “Las estrategias de empleabilidad y acceso al mercado de trabajo en las disciplinas CTIM deberían garantizar las condiciones de acceso (redes, cupos, etc.) y permanencia en el mercado de trabajo (sensibilizar en cuestiones de género, facilitar opciones de promoción y liderazgo, generar entornos de flexibilidad, etc.). En cuanto a las buenas prácticas realizadas por las empresas, en su mayoría extranjeras, las mujeres mencionan la inclusión de políticas institucionales estandarizadas en temas de diversidad, talento e inclusión, que en general consisten en capacitaciones, jornadas de un día o actividades esporádicas (campañas internas de difusión, día de #Women in STEM) que cuentan con poca adaptación al contexto local, lo que podría implicar un sesgo cultural. En este sentido, se advierte la necesidad de contar con estrategias que se adapten a los diferentes contextos culturales y que puedan generar ecosistemas y prácticas genuinas y a largo plazo, que contengan un proceso de implementación con objetivos e indicadores claros de medición para evaluar la mejora o el impacto real. Asimismo, la falta de datos tanto de instituciones educativas como de empresas vinculadas a CTIM trae aparejada la necesidad de construir una cultura de datos abiertos que impacte en la transparencia del ecosistema y la difusión del conocimiento de las buenas prácticas que se desarrollan. (…) será necesario mejorar la visibilidad de los roles y posiciones que ejercen las mujeres a través de estrategias de comunicación interna, la planificación continua de acciones con un sostenimiento institucional genuino basado en la paridad donde, además, la disponibilidad de tiempo de participación en esas actividades no compita con el rendimiento educativo o laboral.